Kat González: “Estoy contribuyendo a que las personas salgan de sus espacios de trabajo menos estresados”

Le Corbusier decía que “la casa debe ser el estuche de la vida, la máquina de felicidad”; y si esos espacios tienen que ser acogedores, organizados, bien estructurados y que nos transmitan paz, con más razón los hospitales y centros de salud. Esto lo sabe muy bien Kathylka González Ramírez, o Kat, como le dicen sus amigos y conocidos.

Ella es arquitecta y ha dedicado gran parte de su vida a obras y proyectos que conectan su profesión con el bienestar, la salud y la seguridad. “Nuestra pasión es transformar la vida de las personas a través del diseño”, se lee en su perfil, y este propósito tiene mucho sentido cuando conoces su historia.

De pequeña quería ser médico porque viene de una familia de galenos, pero en el camino una serie de sucesos causaron que se inclinara por la arquitectura. Ella lo resume de una manera simple y hermosa: “Me enamoré de la gente en sus espacios”.

Sus diseños conectan con la universalidad, pero su meta principal es ayudar a los pacientes a sanar, a sentirse mejor, a que si por alguna razón tienen que ir a un hospital, bien sea por un chequeo de rutina, alguna cirugía o alguna enfermedad, tengan una mejor experiencia y un mejor servicio.

Pero la misma magia que le imprime a su trabajo en los hospitales y consultorios, se la imprime a los espacios de trabajo, ayudándolos a ser más eficientes, a aumentar su productividad y a trabajar mitigando el estrés. Todo esto trae un beneficio para el empleado y las empresas, porque se crea además una fidelidad de los colaboradores.

“Los empleados se dan cuenta de que se hacen cosas para su bienestar, para que mantengan una excelente salud de cuerpo y mente”, explica.

Una historia de empatía

Kat comenzó por el sector salud y no se había percatado de que su inclinación a conectar desde allí con la arquitectura estaba relacionado con su tía Ivón, quien padecía Osteogénesis Imperfecta, conocida como la enfermedad de los huesos de cristal.

“Crecimos viéndola en silla de ruedas, así que yo no veía su enfermedad como algo extraño. Aunque esta es una enfermedad compleja, crecí viéndola llevar una vida normal, no era algo que la estigmatizara, nos ayudó a criar a todos, cooperaba con todas sus cuñadas y era una persona que, aunque físicamente estaba totalmente limitada, estaba llena de vida”, recuerda.

Ella creció viendo a su tía sin ningún tipo de complejos por su enfermedad, pero cuando tenían algún paseo se daba cuenta de que era difícil movilizarla, porque el diseño de algunos lugares no eran inclusivos. Así que poco a poco fue despertándose en Kat un deseo de organizar los espacios para que todas las personas que tenían algún tipo de limitación física pudieran llevar una vida más cómoda.

Estudió, se preparó y con seis años de graduada de arquitecta, explica, fue invitada por una tía que era médico a renovar un centro asistencial.

“Podemos decir que aunque ya tenía una sensibilidad por trabajar con estructuras ligadas al sector salud, llegué ahí por casualidad cuando mi tía me explicó que en el hospital donde trabajaba ya habían hecho una gran inversión de dinero para remodelar el espacio, pero no lograban hacer que estos fueran funcionales y al mismo tiempo le brindaran a los pacientes la tranquilidad que necesitaban”, señala.

Transformó un espacio con poco presupuesto, se encargó de estrategias básicas: luz natural, una ambientación con palmas que hicieran el espacio más agradable, todo en función de optimizar los recursos para que la de espera de los pacientes fuera amena.

No olvida cada detalle de esa experiencia. Comenzó a revisar estudios e investigaciones que comprobaban cómo la luz, la organización de los espacios y los colores beneficiaba a la paz mental. Creó un espacio agradable con un cambió de distribución, que también tuvo un impacto positivo en la acústica, pero lo que fue realmente impresionante para ella fue que pacientes que no debían estar en esa sala de espera, se quedaban y decían: “aquí me siento bien”.

Ahí fue cuando dijo, “verdaderamente puedo ayudar a contribuir con las personas”. Tiene claro que no quiere hacer más nada que diseñar en pro de la salud, bien sea en un hospital o en una empresa para el bienestar de los empleados. No fue fácil, no faltó quien le dijera que el foco que le estaba dando a su profesión no era el adecuado.

“Mucha gente me dijo que me iba a morir de hambre, que eso no existía, que dónde me iban a contratar, que mis servicios no iban a ser necesarios. ¡Cuántas voces en contra!, pero la pasión era tan grande que no importaba lo que me dijeran”.

Se convirtió en una pionera

Kat fue la primera dominicana en acreditarse para crear espacios de trabajo que benefician la salud física y mental de las personas. Hoy es la CEO de Health and Wellness Strategist. Trabaja en pro de la gente, crea espacios estratégicamente organizados para evitar el estrés y las enfermedades crónicas producto de este.

“Estoy contribuyendo a un grupo de personas que van a salir de sus espacios de trabajo menos estresados. Los espacios constantemente nos están hablando, y no es neutro, nos sanan o nos enferman”, señala.

No solo es una persona que busca el bienestar de los demás, aplica lo que predica con una vida equilibrada: sigue en constante preparación, le dedica tiempo a su familia, toca el piano y comenzó a cuidar su alimentación como un acto de amor propio.

Se permite darle un mensaje a las mujeres que como ella están luchando por sus sueños. “No olviden que los no son combustibles para lograr los sueños, nos hacen trabajar mejor por lo que si queremos”.

Arquitecta de Bienestar y Salud.
@katgonzalezhealth
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